miércoles 9 de junio de 2010




El callejón era oscuro, las luces se rompían en sus charcos con cada paso; escuché como se acercaba lenta pero violentamente. No podía dar marcha atrás, seguían tras de mí. Sentí como la sangre era expulsada de mi corazón con una fuerza inexplicable. El viento impregnaba de neblina el único camino que se abría ante mis pies. Inexplicablemente me vi corriendo a su encuentro. Podía escuchar una a una las gotas de lluvia que se iban difuminando entre mi pelo… Sus pupilas destellaban un verde intenso, mortífero. Un relámpago me dejo ver destellos de su figura. Quedé impávido. Me desplomé junto a la tormenta. Dicen que no existen. Que son un mito, una leyenda. La sangré seguía brotando de mi hombro, cuando me dispararon pude moverme un centímetro, lo justo para que no fuera un tiro letal. Escuche gritos de terror. Mis hostigadores no pudieron siquiera soportar la presencia de ella. Huyeron. Sentí como sus alas demacradas me rodearon. Desde entonces recuerdo que estoy vivo.